Estimados amigos en Cristo,

Gracia y paz a ustedes en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

En estos días, nuestros corazones están abrumados al ser testigos de la guerra en curso en Medio Oriente. Las imágenes e historias que nos llegan están llenas de dolor: vidas perdidas, comunidades destrozadas y una creciente sensación de miedo e incertidumbre. Como seguidores de Jesús, lamentamos esta violencia y afirmamos claramente lo que sabemos que es verdad: la guerra no es el camino de Cristo. Por eso los invito a unirse a mí y a millones de cristianos más para orar por la paz. 

Jesús nos llama a ser hacedores de paz, a amar a nuestros enemigos y a buscar la reconciliación por encima de la destrucción. Y sin embargo, nos encontramos en un mundo donde la violencia continúa escalando, y donde las decisiones tomadas por los líderes tienen consecuencias que se propagan a través de naciones y generaciones. Oramos con fervor por aquellos en posiciones de poder, para que sean guiados por la sabiduría celestial, el valor y un compromiso con la paz, para que elijan caminos que pongan fin a la violencia y abran puertas hacia la restauración.

Al mismo tiempo, elevamos ante Dios a los millones de personas inocentes cuyas vidas han cambiado para siempre. Lamentamos con quienes han perdido a seres queridos. Recordamos a quienes han sido expulsados de sus hogares, cuyas formas de vida familiares se han visto interrumpidas, tal vez por muchos años. Oramos por quienes enfrentan incertidumbre diaria, sin acceso confiable a alimentos, agua potable o seguridad. Y mantenemos en oración a quienes luchan por aferrarse a la esperanza en medio de una pérdida abrumadora.

También reconocemos que esta guerra no permanece confinada a una sola región. Sus efectos se sienten en todo el mundo: económica, social y espiritualmente. Y como ocurre tan a menudo, los que más sufren son aquellos que ya vivían al margen. El aumento de los costos, las cadenas de suministro interrumpidas y la inestabilidad no hacen más que profundizar las dificultades para los más vulnerables entre nosotros.

Como comunidad cristiana, estamos llamados a responder. Estamos llamados a solidarizarnos con quienes sufren, a apoyar a los más necesitados y a ser portadores de la compasión de Cristo en un mundo quebrantado. Esto no es nuevo para nosotros. Durante casi 400 años, la Iglesia Reformada en América ha procurado estar junto a los marginados: caminar con ellos, apoyarlos y dar testimonio del amor y la justicia de Jesucristo.

En este momento, ese llamado sigue siendo tan urgente como siempre.

Así que oramos. Damos. Abogamos. Nos negamos a apartar la mirada. Y confiamos en que, incluso en los momentos más oscuros, Dios está presente, obrando a través del testimonio fiel del pueblo de Dios para traer luz, sanidad y esperanza.

Si usted y su congregación sienten la necesidad de ayudar a los más marginados en este momento de necesidad, por favor consideren hacer una donación a Fondo Internacional de Ayuda en Casos de Desastre de RCA Global Mission. Todos los fondos recibidos se utilizarán para ayudar a quienes más lo necesitan en este momento. 

Seamos instrumentos de esperanza.

En la paz de Cristo,

Rev. Eddy Alemán
Secretario General
Iglesia Reformada en América