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La adoración reformada

La adoración está en el centro de la vida de la iglesia. En la adoración reconocemos que Dios es digno. Esa adoración abarca la semana completa —cuando estamos en la comunidad, en nuestros hogares o congregados—. Ya que los cristianos son miembros del único cuerpo de Cristo, hacemos que nuestra prioridad sea juntarnos para adorar en unidad.

En la tradición reformada, la adoración es tan esencial que sus formas —la liturgia— son parte de la Constitución de la RCA. Históricamente, los cultos reformados tienen una estructura particular que refleja nuestros encuentros con Dios: acercarnos a Dios, recibir la Palabra de Dios y responder a Dios. Los detalles particulares del culto son flexibles, pero el fundamento es el mismo.

Lo que usted puede esperar de un culto reformado

Los servicios de adoración en las iglesias de la RCA son tan diversos como la denominación misma. Encontrará algunas iglesias que siguen una liturgia tradicional. Son las que usan el mismo conjunto de palabras y elementos cada semana. Otras iglesias siguen un formato más contemporáneo, haciendo oraciones espontáneas e incorporando elementos inusuales. Muchas iglesias emplean un enfoque híbrido, adaptando la liturgia tradicional de la RCA a sus contextos. («Liturgia» es la manera en que están organizadas las partes del servicio de adoración. El vocablo proviene de una palabra griega que significa «la obra del pueblo», porque es el pueblo de Dios quien realiza la adoración).

En medio de tal diversidad, el culto en la tradición reformada tiene algunos patrones reconocibles. Después de todo, nuestra denominación ha considerado que la adoración es lo suficientemente fundamental como para hacer que la liturgia sea parte de nuestra Constitución. En otras palabras, una de las cosas que distinguen a las iglesias reformadas es el patrón particular de adoración el cual seguimos. (Las otras partes de nuestra Constitución son nuestros estándares doctrinales y el Libro de Orden de la Iglesia).

Aunque las expresiones de adoración en las iglesias reformadas tengan una amplia variedad, tenemos la misma noción sobre la naturaleza de la adoración.

La adoración reformada es litúrgica.

«Litúrgica» se refiere aquí a la manera en que se organiza un servicio de adoración. La liturgia de la RCA tiene un «arco» que reproduce el patrón bíblico de los encuentros entre Dios y el pueblo de Dios. Este es el patrón: nos acercamos a Dios en la adoración, pero lo hacemos con la mancha del pecado; Dios proclama la misericordiosa y salvadora Palabra de Dios para nosotros; y respondemos con gratitud para con Dios, la cual se expresa en el servicio a los demás.

Este patrón —acercamiento, Palabra de Dios y respuesta— resume la historia del evangelio. También tiene la misma estructura que otra pieza del fundamento de la Reforma, el Catecismo de Heidelberg, que se divide en tres secciones: culpabilidad, gracia y gratitud.

Todos los elementos específicos de un servicio de adoración —por ejemplo, las oraciones, las lecturas bíblicas, la comunión y los cánticos— encuentran un lugar en el contexto de esta estructura general.

La adoración reformada es misional.

Un servicio de adoración no es un fin en sí mismo. Más bien, la liturgia da testimonio de la obra redentora de Dios en Cristo, y participa en dicha obra. Desde esta perspectiva, es difícil separar la liturgia de la misión. En la Palabra proclamada, en el lavamiento con agua, y en el compartir del pan y la copa, Dios en Cristo está obrando, reconciliando al mundo consigo mismo. Es aquí donde el mundo descubre el evangelio de la manera más obvia y fácil.

En vez de ser un espacio de tiempo, la adoración que tiene lugar al reunirse la iglesia también sigue teniendo lugar durante la semana, y se propaga en el mundo mediante vidas de fe. De hecho, la bendición [pastoral] tiene el propósito de impulsarnos a salir. Como cristianos, invitamos a otros a la iglesia y nos comprometemos a ser enviados por el mundo.

La adoración reformada es bíblica.

La Palabra de Dios es el centro de la adoración reformada. No nos reunimos para oír una simple charla inspiradora. La iglesia se reúne para oír a Dios mismo a través de las Escrituras.
Hasta la estructura misma de la adoración reformada se basa en la Biblia. Es allí donde el Dios trino se revela a sí mismo en la historia de Israel y en la persona de Jesucristo. La historia de la adoración de Israel, junto con su cumplimiento en Cristo y la experiencia de la iglesia primitiva, nos proporcionan la estructura de la adoración.

Todos los elementos específicos de un servicio de adoración —por ejemplo, las oraciones, las lecturas bíblicas, la comunión y los cánticos— encuentran un lugar en el contexto de esta estructura general.

La adoración reformada es sacramental.

Desde una perspectiva reformada, el bautismo y la Cena del Señor son «medios de gracia» en la iglesia. Son las señales visibles y los sellos de algo interno e invisible. Dios los usa para obrar en nosotros mediante el poder del Espíritu Santo. 

Cuando celebramos los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor, Dios viene a nosotros por conducto de todos nuestros sentidos. Oímos la promesa de Dios respecto al perdón; vemos y oímos el agua del bautismo que lava; y tocamos, olemos y gustamos el pan y el vino que significan el cuerpo y la sangre de Cristo. Nuestra fe se despierta, se renueva y se dinamiza cuando celebramos los sacramentos.

La adoración reformada es colectiva.

Como lo indican las raíces de la palabra «liturgia», la adoración incluye a la congregación entera. Ya que todos somos miembros de un solo cuerpo, nos juntamos en el Día del Señor para adorar como un solo cuerpo.

Todo el pueblo de Dios participa en adorar a Dios, el cual también está activo cuando nos reunimos. La adoración no es un espectáculo con el (la) ministro(a) como actor o actriz, y la congregación como audiencia. Más bien, de principio a fin, nuestra adoración es un diálogo tanto entre el pastor y la congregación como entre Dios y el pueblo.

Un servicio de adoración también refleja el contexto de la comunidad. La música y las oraciones expresan las realidades concretas de la vida de las personas. La adoración nos recuerda que ellos no están solos delante del trono de Dios, sino que se les ha unido otras personas alrededor del mundo y a través del tiempo.

La adoración reformada es personal.

Al mismo tiempo, la adoración reformada es personal, aunque no es privada. En su función óptima, la adoración reformada ayuda a crear una piedad genuina y sincera la cual canta sobre una relación íntima con Dios por medio de Jesucristo. La adoración reformada también nos enseña cómo amar a Dios con la mente y el corazón. Se nos desafía constantemente a crecer para convertirnos en discípulos que siguen a Jesús y que están dispuestos a seguir la dirección divina.

Cómo nuestra teología moldea nuestra adoración.

La adoración reformada surge de nuestra teología. La adoración es la personificación y expresión de nuestras creencias. Nos capacita para articular y practicar nuestra fe en palabras, en canciones y en gestos. 

Para los cristianos reformados, esa teología se articula llanamente en la estructura del Catecismo de Heidelberg. Tras expresar confianza en Dios, el catecismo se divide en tres secciones: culpa, gracia y gratitud. Es un resumen de las creencias reformadas: Dios creó buenas todas las cosas; nosotros pecamos y somos culpables de desbaratar lo bueno de la creación; Dios envió misericordiosamente a Jesucristo para que tuviéramos vida; y por el poder del Espíritu Santo respondemos a la gracia de Dios con agradecimiento y con vidas de servicio.

La liturgia de la RCA sigue ese mismo patrón tripartito, con una nota inicial de alabanza: 

  • Nos acercamos a Dios primeramente con alabanza, y luego con una confesión de nuestra pecaminosidad.
  • Dios nos dice una palabra de gracia —en la Escritura, en el sermón y en el sacramento—.
  • Respondemos a Dios con gratitud y servicio.

Lea más sobre la teología reformada.

El rol de la liturgia: equilibrar la forma y la libertad.

La manera en que adoramos es tan importante para la RCA que hicimos que la liturgia fuese parte de nuestra Constitución. Sin embargo, esto no significa que todas las iglesias digan las mismas palabras semana tras semana.

En la RCA hay un equilibrio entre la forma y la libertad. Tenemos la estructura tripartita general (acercamiento, Palabra de Dios y respuesta). Y dentro de ella, las iglesias tienen la libertad de diseñar cultos ordinarios en maneras que sean congruentes con la tradición reformada. Pero también hemos acordado seguir cabalmente las liturgias para ciertas ocasiones. Esto significa que las liturgias más prescriptivas son las que se usan para celebrar cosas como los sacramentos de comunión y bautismo, y las ordenaciones e instalaciones de ministros, ancianos y diáconos. Nuestras formas sacramentales comunes han promovido un sentido de identidad común, mientras que la libertad de las congregaciones ha reafirmado nuestra creciente diversidad.

Lea más sobre la liturgia de la RCA y los elementos específicos de un servicio.

En un servicio semanal, los elementos específicos encuentran un hogar en el marco de este esquema general:

El acercamiento a Dios

En esta porción del servicio, la congregación se acerca a Dios desde una postura de humildad y dependencia. Los elementos de esta parte de la liturgia incluyen, a menudo, un saludo y un cántico de alabanza inicial. Ese saludo no es un «buenos días» casual, sino un saludo de parte de Dios. También se nos invita a confesar nuestro pecado y recibir el perdón de un Dios misericordioso.

La Palabra de Dios en la proclamación y el sacramento

En la tradición reformada, Dios se comunica con las personas por medio de la Escritura y los sacramentos. Esta sección de la liturgia incluye una lectura de la Biblia y un sermón que explica ese pasaje. También es el lugar donde una iglesia celebra la Cena del Señor y el bautismo.

La respuesta a Dios.

Tras oír la gracia de Dios proclamada en la Escritura y el sermón, y tras gustar la Palabra visible del pan y la copa, respondemos con gratitud. Esta gratitud se expresa frecuentemente en cánticos. La congregación también pudiera unirse para hacer oraciones de intercesión. El servicio finaliza con una bendición pastoral —una bendición en el nombre de Cristo, dada a los adoradores mientras salen a vivir una vida de servicio—.

Los sacramentos en la adoración reformada

En la tradición reformada, se considera que dos de nuestras prácticas de adoración son sacramentos. La primera es el bautismo, y la segunda es la Cena del Señor. Estos sacramentos, instituidos por Cristo, son un medio de gracia dentro de la comunidad del pacto. Son signos y sellos visibles de algo interno e invisible; y son el medio por el cual Dios obra en nosotros a través del poder del Espíritu Santo.

Lea más sobre los sacramentos en la RCA.

El bautismo

El bautismo es un signo y sello del pacto de gracia de Dios para con nosotros y nuestros hijos. El bautismo apunta a la realidad de que somos lavados en la sangre de Jesucristo, sepultados con él en muerte, y resucitados con él en nueva vida. La RCA bautiza a los bebés, los niños y los adultos; y afirma la aspersión, la inmersión y el derramamiento como métodos del bautismo.

La comunión

La comunión, también llamada la «Cena del Señor» o «Eucaristía», es un medio por el cual Jesucristo nos alimenta, nos fortalece y nos conforta constantemente. Al compartir el pan y la copa, el Espíritu Santo nos une a Cristo y los unos a los otros. Todos los que han sido bautizados en Cristo pueden participar en la Cena del Señor, aunque las juntas de ancianos locales determinan si los niños pequeños pueden hacerlo. Los cristianos reformados no creen que el pan y la copa se transformen físicamente en el cuerpo y la sangre de Cristo.

Un acercamiento reformado a la predicación

La tradición reformada pone un gran énfasis a la Palabra de Dios. Por extensión, también se valoriza mucho la predicación. ¿Qué es lo guía la manera de predicar de los pastores? No existe fórmula alguna para los sermones, pero un leccionario da dirección en cuanto a cuáles pasajes bíblicos seleccionar para la predicación. Un leccionario es una lista de pasajes semanales que los líderes eclesiásticos pueden optar por seguir. La RCA no exige que las iglesias usen un leccionario, pero seguir un leccionario puede ampliar la exposición de una congregación a la Escritura.

A continuación, algunos de los leccionarios que se emplean con mayor frecuencia en las iglesias de la RCA:

Leccionario Común Revisado

El ciclo trienal del Leccionario Común Revisado fue desarrollado con un interés por la Biblia entera, por el año litúrgico, y por las personas y la obra de la Trinidad. Para cada semana, se incluye una lectura del Antiguo Testamento o del libro de Hechos, de los Salmos, de uno de los Evangelios, y de una de las Epístolas. Los pastores pueden seleccionar el (los) pasaje(s) en el (los) cual(es) se centrará(n). El Leccionario Común Revisado es usado por muchas denominaciones protestantes.

«Lectio Continua»

La lectio continua, o «lectura continua», se refiere a predicar a través de un libro de la Biblia, desde el principio hasta el fin. Esto hace que el pastor trate el libro como un conjunto total, profundizando más de lo que pudiera ser posible de otra manera.

El Catecismo de Heidelberg

Ya que el Catecismo de Heidelberg es una pieza tan importante de la teología reformada, se espera que los pastores de la RCA prediquen sobre los puntos doctrinales del mismo. Esto se puede lograr siguiendo otros leccionarios, pero la RCA tiene un leccionario «específicamente Heidelberg» que los pastores pueden usar.

Otros leccionarios

Hay muchas maneras en que los pastores escogen los pasajes bíblicos de los cuales habrán de predicar. Se ha compilado recientemente varios leccionarios protestantes, incluidos el Leccionario Narrativo y el Proyecto Año D. El Leccionario Narrativo enfatiza el conocimiento bíblico al llevar a las congregaciones por cuatro años de interacción con la historia bíblica. El Proyecto Año D añade un cuarto año al Leccionario Común Revisado al incluir muchos de los pasajes que éste se salta.

La música en la tradición reformada

El pueblo de Dios canta. La función de la música en la adoración es bíblica. Una y otra vez, la Biblia muestra al pueblo de Dios cantando canciones de alabanza y gratitud, y de lamento y petición. Por eso la adoración reformada enfatiza la participación de la congregación entera. Así como el servicio, en su totalidad, no es un espectáculo, la música del servicio debe permitir que la congregación entregue su corazón a Dios. La música debe glorificar a Dios y nutrir la fe del pueblo.

Las iglesias de la RCA tienen la libertad de adorar con cualesquiera himnos, canciones, tonadas o instrumentos que deseen. Muchas iglesias usan Lift Up Your Hearts, el himnario más reciente compilado por la RCA y la Christian Reformed Church in North America. Incluye himnos históricos y canciones contemporáneas de adoración. Otras iglesias usan The Psalter Hymnal o Sing! A New Creation. Y aun otras omiten el uso de himnarios o cancioneros.

Lea más sobre el rol de la música en la adoración.

¿Cómo se celebran los días festivos en la adoración reformada? 

Así como nuestras vidas siguen el ritmo de un calendario con estaciones y días feriados, así también la vida de la iglesia sigue el calendario litúrgico. El calendario litúrgico pone la historia del evangelio en correlación con el año. Comienza con Adviento y Navidad, nos lleva a la Cuaresma y la Pascua, celebra la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, y nos ayuda a sobrellevar el resto del año. El tiempo ordinario, ese tiempo que no es parte de una temporada principal del calendario eclesiástico, se enfoca en poner en práctica la fe cristiana en la vida cotidiana.

La mayoría de las iglesias reformadas siguen, al menos parcialmente, el ritmo del calendario litúrgico para estructurar la adoración durante Adviento y Cuaresma. Otras celebran cada día festivo, incluyendo Epifanía, el Bautismo del Señor, el Día de la Ascensión, Pentecostés, Domingo de la Santísima Trinidad, el Día de Todos los Santos y el Domingo de Cristo Rey. Algunas iglesias adornan sus lugares de adoración con el color que corresponde a esa temporada litúrgica particular —ya sea el púrpura, el blanco, el rojo o el verde—. 

Aprenda más sobre el calendario litúrgico, y encuentre recursos para planificar la adoración estacional.