Notas al final del Catecismo de Heidelberg

Traducción © 2011, 2019 Faith Alive Christian Resources/Christian Reformed Church in North America. La versión española se basa en la traducción al inglés aprobada por el sínodo 2011 de la Iglesia Cristiana Reformada en Norte América y por el sínodo 2011 de la Iglesia Reformada de América. Todos los derechos reservados. A menos que sea para estudio, educación o reseña, ninguna parte de este material puede ser reproducido en ninguna manera posible sin el permiso por escrito de la publicadora. Para obtener información de cómo usar material de derechos reservados, contáctese con Faith Alive Christian Resources, 2850 Kalamazoo Ave. SE, Grand Rapids, MI 49560; teléfono: 1-800-333-8300; fax: 616-726-1164; email: permissions@faithaliveresources.org. Producido en los Estados Unidos de América.

Introducción

El Catecismo de Heidelberg (1563) fue escrito en la ciudad de Heidelberg, Alemania, a petición de Elector Federico III, quien gobernó la provincia del Palatinado de 1559 a 1576. El nuevo catecismo se escribió con el fin de que fuera una herramienta para enseñar a los jóvenes, guiar la predicación en las iglesias de la provincia y como una forma de unidad confesional entre las varias facciones protestantes del Palatinado. Una antigua tradición afirma que Zacarías Ursino y Gaspar Oleviano fueron los que escribieron el catecismo, pero el proyecto fue más bien el trabajo de un equipo de ministros y teólogos universitarios bajo la supervisión de Federico mismo. Ursino fue quizá el escritor principal del equipo, y Oleviano cumplió un papel subordinado. El catecismo fue aprobado por el sínodo de Heidelberg, en enero de 1563. Ese mismo año se publicó en Heidelberg una segunda y tercera edición en alemán, cada una con pequeñas adiciones. También se publicó una traducción en latín. La tercera edición fue añadida a la Forma de Gobierno de la Iglesia del Palatinado, el 15 de noviembre de 1563. En ese momento el catecismo fue dividido en 52 secciones o domingos, con el fin de que el contenido de cada sección fuese explicado cada domingo en un culto de adoración vespertino durante todo el año.

El Sínodo de Dort aprobó el Catecismo de Heidelberg en 1619, y rápidamente se convirtió en el documento más ecuménico de los catecismos y confesiones reformadas. Ha sido traducido a las muchas lenguas de Europa, Asia y África, y se mantiene como el catecismo más usado y alabado del período de la Reforma.

La mayor parte de las referencias bíblicas de esta traducción del catecismo fueron incluidas en las ediciones alemanas y latinas, pero la selección de esta edición fue aprobada por el Sínodo de la Iglesia Cristiana Reformada de 1975.

Domingo 1

P&R 1
P. ¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?
R. Que no me pertenezco a mí mismo,1 sino que pertenezco–en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte2—a mi fiel Salvador, Jesucristo,3

quien pagó por completo todos mis pecados con su preciosa sangre,4 y me ha liberado de la tiranía del diablo.5

También cuida de mí de tal manera6 que ni un solo cabello de mi cabeza puede caer sin la voluntad de mi Padre que está en el cielo;7 por cierto, es necesario que todas las cosas colaboren para mi salvación.8

Porque pertenezco a Cristo, él mediante su Espíritu me asegura la vida eterna,9 y me hace completamente dispuesto y listo para vivir para él de ahora en adelante.10

1 1 Cor. 6:19-20
2 Rom. 14:7-9
3 1 Cor. 3:23; Tito 2:14
4 1 Pedro. 1:18-19; 1 Juan 1:7-9; 2:2
5 Juan 8:34-36; Heb. 2:14-15; 1 Juan 3:1-11
6 Juan 6:39-40; 10:27-30; 2 Tes. 3:3; 1 Pedro. 1:5
7 Mat. 10:29-31; Lc. 21:16-18
8 Rom. 8:28
9 Rom. 8:15-16

P&R 2
P. ¿Qué debes saber para vivir y morir en el gozo de esta consolación?
R. Tres cosas: primero, cuán grandes son mi pecado y mi miseria;1 segundo, de qué manera soy librado de todos mis pecados y miseria;2 y tercero, cómo voy a agradecerle a Dios por tal liberación.3

1 Rom. 3:9-10; 1 Juan 1:10
2 Juan17:3; Hch. 4:12; 10:43
3 Mat. 5:16; Rom. 6:13; Ef. 5:8-10; 2 Tim. 2:15; 1 Pedro. 2:9-10

Primera parte: Miseria

Domingo 2

P&R 3
P. ¿Cómo llegas a conocer tu miseria?
R. La ley de Dios me la da a conocer.1

1Rom. 3:20; 7:7-25

P&R 4
P. ¿Qué nos exige la ley de Dios?
R. Cristo nos lo enseña de manera concisa en Mateo 22:37-40:

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente.1 Éste es el primero y el más importante de los mandamientos.

El segundo es similar: Ama a tu prójimo como a ti mismo.2

De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”.

1 Dt. 6:5
2 Lv. 19:18

P&R 5
P. ¿Puedes vivir a la altura de todo esto de manera perfecta?
R. No.1 Tengo una tendencia natural a odiar a Dios y a mi prójimo.2

1 Rom. 3:9-20, 23; 1 Juan 1:8, 10
2 Gen. 6:5; Jer. 17:9; Rom. 7:23-24; 8:7; Ef. 2:1-3; Tito 3:3

Domingo 3

P&R 6
P. ¿Creó Dios a la gente tan mala y perversa?
R. No. Dios los creó buenos1 y a su propia imagen,2 es decir, en verdadera justicia y santidad,3 para que verdaderamente conocieran a su creador,4 lo amaran de todo corazón, y vivieran con él en felicidad eterna, para alabarle y glorificarle.5

1 Gen. 1:31
2 Gen. 1:26-27
3 Ef. 4:24
4 Col. 3:10
5 Sal. 8

P&R 7
P. ¿De dónde proviene entonces esta naturaleza humana corrompida?
R. Proviene de la caída y desobediencia de nuestros primeros padres, Adán y Eva, en el paraíso.1 Esta caída ha envenenado de tal manera nuestra naturaleza2 que todos somos concebidos y nacidos en una condición pecaminosa.3

1 Gen. 3
2 Rom. 5:12, 18-19
3 Sal. 51:5

P&R 8
P. ¿Pero estamos tan corrompidos que somos totalmente incapaces de hacer ningún bien e inclinados a todo mal?
R. Sí,1 a menos que seamos renacidos por el Espíritu de Dios.2

1 Gen. 6:5; 8:21; Job 14:4; Isa. 53:6
2 Juan 3:3-5

Domingo 4

P&R 9
P. ¿Pero no es Dios injusto cuando nos exige en su ley que hagamos lo que no podemos cumplir?
R. No, Dios creó a los seres humanos con la habilidad de cumplir con la ley.1 Pero al ser provocados por el diablo2 y a causa de su desobediencia voluntaria,3 se despojaron a sí mismos y a toda su descendencia de estos dones.4

1 Gen. 1:31; Ef. 4:24
2 Gen. 3:13; Juan 8:44
3 Gen. 3:6
4 Rom. 5:12, 18, 19

P&R 10
P. ¿Permite Dios que tal desobediencia y rebelión quede sin castigo?
R. Ciertamente que no. Dios está terriblemente airado contra el pecado con que nacemos y los pecados que cometemos personalmente.

Como juez justo, Dios castigará ambos pecados tanto ahora como en la eternidad,1 habiendo declarado: “Maldito sea todo aquel no practica fielmente todo lo que está escrito en el libro de la ley.”2

1 Ex. 34:7; Sal. 5:4-6; Nah. 1:2; Rom. 1:18; Ef. 5:6; Heb. 9:27
2 Gal. 3:10; Dt. 27:26

P&R 11
P. ¿Pero no es Dios también misericordioso?
R. Dios es ciertamente misericordioso,1 pero también es justo.2 La justicia de Dios demanda que el pecado que se ha cometido en contra de su suprema majestad sea castigado con la pena máximael castigo eterno de cuerpo y alma.3

1 Ex. 34:6-7; Sal. 103:8-9
2 Ex. 34:7; Dt. 7:9-11; Sal. 5:4-6; Heb. 10:30-31
3 Mt. 25:35-46

Segunda parte: Liberación

Domingo 5

P&R 12
P. Según el justo juicio de Dios, merecemos ser castigados ahora y en la eternidad:¿Cómo, pues, podremos escapar este castigo y volver a gozar del favor de Dios?
R. Dios requiere que su justicia sea satisfecha.1 Por tanto, se debe satisfacer completamente las demandas de esta justicia, sea por nosotros mismos o por algún otro.2

1 Ex. 23:7; Rom. 2:1-11
2 Isa. 53:11; Rom. 8:3-4

P&R 13
P. ¿Podemos pagar esta deuda nosotros mismos?
R. Definitivamente que no. De hecho, cada día incrementamos nuestra deuda.1

1 Mt. 6:12; Rom. 2:4-5

P&R 14
P. ¿Podrá otra criatura –cualquiera que sea– pagar nuestra deuda?
R. No. Para empezar, Dios no va a castigar a ninguna otra criatura por la culpa del ser humano.1 Además, ninguna simple criatura puede soportar el peso de la ira eterna de Dios en contra del pecado y liberar a otros de ella.2

1 Ez. 18:4, 20; Heb. 2:14-18
2 Sal. 49:7-9; 130:3

P&R 15
P. ¿Entonces qué tipo de mediador y liberador deberíamos buscar?
R. Uno que sea un ser humano verdadero11 y justo,2 pero que también sea más poderoso que todas las criaturas, esto es, uno que también sea verdadero Dios.3

1 Rom. 1:3; 1 Cor. 15:21; Heb. 2:17
2 Isa. 53:9; 2 Cor. 5:21; Heb. 7:26
3 Isa. 7:14; 9:6; Jer. 23:6; Juan 1:1

Domingo 6

P&R 16
P. ¿Por qué el mediador debe ser un ser humano verdadero y justo?
R. La justicia de Dios demanda que sea la naturaleza humana que pecó la que pague por el pecado;1 pero un ser humano pecaminoso jamás podría pagar por otros.2

1 Rom. 5:12, 15; 1 Cor. 15:21; Heb. 2:14-16
2 Heb. 7:26-27; 1 Pedro. 3:18

P&R 17
P. ¿Por qué el mediador también debería ser verdadero Dios?
R. Para que el mediador sea capaz de soportar, por el poder de su divinidad, el peso de la ira de Dios en su humanidad y ganar para nosotros y restaurar para nosotros la justicia y la vida.1

1 Isa. 53; Juan 3:16; 2 Cor. 5:21

P&R 18
P. ¿Quién es entonces este mediador–verdadero Dios y, al mismo tiempo, ser humano verdadero y justo?
R. Nuestro Señor Jesucristo,11 que nos fue dado para liberarnos completamente y hacernos justos ante Dios.2

1 Mt. 1:21-23; Lc. 2:11; 1 Tim. 2:5
2 1 Cor. 1:30

P&R 19
P. ¿Cómo te enteras de esto?
R. Me lo dice el santo evangelio. Ya en el paraíso Dios empezó a revelar el evangelio;1 después Dios lo proclamó por medio de los santos patriarcas2 y profetas3 y lo prefiguró por medio de los sacrificios y otras ceremonias de la ley;4 y finalmente Dios lo cumplió mediante su propio amado Hijo.5

1 Gen. 3:15
2 Gen. 22:18; 49:10
3 Isa. 53; Jer. 23:5-6; Mi. 7:18-20; Hch. 10:43; Heb. 1:1-2
4 Lv. 1-7; Juan 5:46; Heb. 10:1-10
5 Rom. 10:4; Gal. 4:4-5; Col. 2:17

Domingo 7

P&R 20
P. ¿Por qué el mediador debe ser un ser humano verdadero y justo?
R. No. Los únicos que son salvos son aquellos que mediante la verdadera fe son injertados en Cristo y aceptan todos sus beneficios.1

1 Mt. 7:14; Juan 3:16, 18, 36; Rom. 11:16-21

P&R 21
P. ¿Qué es la verdadera fe?
R. La verdadera fe no es sólo un seguro conocimiento por el cual sostengo como cierto todo lo que Dios nos ha revelado en la Escritura;1 sino también una confianza completa,2 que el Espíritu Santo crea en mí3 por medio del evangelio,4 de que Dios ha concedido gratuitamente, no sólo a otros, sino que también a mí,5 perdón de pecados, justicia eterna, y salvación.6 Estos son dones de pura gracia, concedidos sólo en base a los méritos de Cristo.7

1 Juan 17:3, 17; Heb. 11:1-3; Stg. 2:19
2 Rom. 4:18-21; 5:1; 10:10; Heb. 4:14-16
3 Mt. 16:15-17; Juan 3:5; Hch 16:14
4 Rom. 1:16; 10:17; 1 Cor. 1:21
5 Gal. 2:20
6 Rom. 1:17; Heb. 10:10
7 Rom. 3:21-26; Gal. 2:16; Ef. 2:8-10

P&R 22
P. ¿Qué, pues, debe creer un cristiano?
R. Todo lo que se nos ha prometido en el evangelio,1 lo cual se resume en los artículos de nuestra indiscutible fe cristiana universal.

1 Mt. 28:18-20; Juan 20:30-31

P&R 23
P. ¿Qué dicen estos artículos?
R. Creo en Dios Padre, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor, que fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió al infierno. Al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió al cielo y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso. De allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida eterna. Amén.

Domingo 8

P&R 24
P. ¿En cuántas partes se dividen estos artículos?
R. Se dividen en tres partes: Dios Padre y nuestra creación; Dios el Hijo y nuestra liberación; y Dios Espíritu Santo y nuestra santificación.

P&R 25
P. Puesto que sólo existe un único ser divino,1 ¿por qué hablas de tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo?
R. Porque así se ha revelado Dios en su Palabra:2 estas tres personas distintas son el único, verdadero y eterno Dios.

1 Dt. 6:4; 1 Cor. 8:4, 6
2 Mt. 3:16-17; 28:18-19; Lc. 4:18 (Isa. 61:1); Juan 14:26; 15:26; 2 Cor. 13:14; Gal. 4:6; Tit. 3:5-6

Dios Padre

Domingo 9

P&R 26
P. ¿Qué profesas creer cuando dices “creo en Dios Padre, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra”?
R. Que el eterno Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien de la nada creó el cielo y la tierra y todo lo que en ellos hay,1 quien los sostiene y gobierna por su eterno consejo y providencia,2 es mi Dios y Padre a causa de Cristo su Hijo.3

Confío tanto en Dios que no dudo que él proveerá de todo lo que necesite para mi cuerpo y alma,4 y que cambiará para mi bien cualquier adversidad que él me envía en este mundo afligido.5

Dios puede lograrlo porque es Dios todopoderoso,6 y quiere hacerlo porque es mi Padre fiel.7

1 Gen. 1-2; Ex. 20:11; Sal. 33:6; Isa. 44:24; Hch. 4:24; 14:15 2 Sal. 104; Mt. 6:30; 10:29; Ef. 1:11
3 Juan 1:12-13; Rom. 8:15-16; Gal. 4:4-7; Ef. 1:5
4 Sal. 55:22; Mt. 6:25-26; Lc. 12:22-31
5 Rom. 8:28
6 Gen. 18:14; Rom. 8:31-39
7 Mt. 7:9-11

Domingo 10

P&R 27
P. ¿Qué entiendes por la providencia de Dios?
R. Es el poder todopoderoso y siempre presente de Dios1 por el cual Dios sostiene en su mano el cielo y la tierra y todas las criaturas,2 y las gobierna de tal manera que las hojas y la hierba, la lluvia y la sequía, los años fructíferos y magros, la salud y la enfermedad, la prosperidad y la pobreza–3 de hecho, todas las cosas que nos acontecen no ocurren por azar4 sino por su mano paternal.5

1 Jer. 23:23-24; Hch. 17:24-28
2 Heb. 1:3
3 Jer. 5:24; Hch. 14:15-17; Juan 9:3; Prov. 22:2
4 Prov. 16:33
5 Mt. 10:29

P&R 28
P. ¿Cómo nos ayuda saber de la creación y la providencia de Dios?
R. Nos ayuda a ser pacientes cuando las cosas van mal,1 y agradecidos cuando todo va bien,2 y podemos mirar al futuro con gran confianza en nuestro Dios y Padre fiel porque sabemos que nada en la creación nos separará de su amor.3 Porque todas las criaturas están completamente en la mano de Dios, de modo que sin su voluntad no pueden moverse ni ser movidas.4

1 Job 1:21-22; Stg. 1:3
2 Dt. 8:10; 1 Tes. 5:18
3 Sal. 55:22; Rom. 5:3-5; 8:38-39
4 Job 1:12; 2:6; Prov. 21:1; Hch. 17:24-28

Dios Hijo

Domingo 11

P&R 29
P. ¿Por qué el Hijo de Dios es llamado “Jesús”, que significa “salvador”?
R. Porque nos salva de nuestros pecados,1 y porque la salvación no debe buscarse ni puede encontrarse en ninguna otra persona.2

1 Mt. 1:21; Heb. 7:25
2 Isa. 43:11; Juan 15:5; Hch. 4:11-12; 1 Tim. 2:5

P&R 30
P. ¿Creen realmente en el único salvador Jesús quienes buscan su salvación en los santos, en sí mismos o en cualquier otra parte?
R. No. Aunque se jactan de pertenecerle, por sus acciones niegan al único salvador Jesús.1

O Jesús no es un Salvador perfecto o aquellos que con fe verdadera lo aceptan como Salvador poseen en él todo lo que necesitan para su salvación.2

1 1 Cor. 1:12-13; Gal. 5:4
2 Col. 1:19-20; 2:10; 1 Juan 1:7

Domingo 12

P&R 31
P. ¿Por qué se le llama “Cristo” que significa “ungido”?
R. Porque ha sido ordenado por Dios Padre y ha sido ungido con el Espíritu Santo1 para ser nuestro supremo profeta y maestro,2 quien nos revela plenamente el secreto consejo y voluntad de Dios acerca de nuestra liberación;3 nuestro único sumo sacerdote4 que nos liberó por el sacrificio único de su cuerpo,5 y que continuamente intercede por nosotros delante del Padre;6 y nuestro rey eterno7 que nos gobierna con su Palabra y Espíritu, y que nos guarda y nos mantiene en la libertad que ganó para nosotros.8

1 Lc. 3:21-22; 4:14-19 (Isa. 61:1); Heb. 1:9 (Sal. 45:7)
2 Hch. 3:22 (Dt. 18:15)
3 Juan 1:18; 15:15
4 Heb. 7:17 (Sal. 110:4)
5 Heb. 9:12; 10:11-14
6 Rom. 8:34; Heb. 9:24
7 Mat. 21:5 (Zac. 9:9)
8 Mt. 28:18-20; Juan 10:28; Apoc. 12:10-11

P&R 32
P. ¿Por qué te llaman cristiano?
R. Porque por la fe soy un miembro de Cristo1 y así comparto en su unción.2 He sido ungido para que confiese su nombre3 para que me presente ante él como sacrificio vivo de acción de gracias,4 para que luche con limpia consciencia contra del pecado y el diablo en esta vida,5 y para que después reine con Cristo sobre toda la creación por la eternidad.6

1 1 Cor. 12:12-27
2 Hch. 2:17 (Joel 2:28); 1 Juan 2:27
3 Mt. 10:32; Rom. 10:9-10; Heb. 13:15
4 Rom. 12:1; 1 Pedro 2:5, 9
5 Gal. 5:16-17; Ef 6:11; 1 Tim. 1:18-19
6 Mt. 25:34; 2 Tim. 2:12

Domingo 13

P&R 33
P. ¿Por qué es llamado “el Hijo único” de Dios cuando nosotros también somos hijos de Dios?
R. Porque Cristo es el único Hijo eterno y natural de Dios.1 En cambio, nosotros somos hijos de Dios por adopción –fuimos adoptados por gracia a través de Cristo.2

1 Juan 1:1-3, 14, 18; Heb. 1
2 Juan 1:12; Rom. 8:14-17; Ef. 1:5-6

P&R 34
P. ¿Por qué lo llamas “nuestro Señor”?
R. Porque—no con oro o plata, sino con su preciosa sangre1—nos libero del pecado y la tiranía del diablo,2 y nos compró, cuerpo y alma, para ser suyos.3

1 1 Pedro. 1:18-19
2 Col. 1:13-14; Heb. 2:14-15
3 1 Cor. 6:20; 1 Tim. 2:5-6

Domingo 14

P&R 35
P. ¿Qué significa “fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María”?
R. Significa que el Hijo eterno de Dios, quien es y permanece verdadero y eterno Dios,1 tomó para sí, mediante la obra del Espíritu Santo,2 de la carne y sangre de la virgen María,3 una naturaleza verdaderamente humana para así llegar a ser un verdadero descendiente de David,4 como sus hermanos y hermanas en todo sentido5 a excepción del pecado.6

1 Juan 1:1; 10:30-36; Hch. 13:33 (Sal. 2:7); Col. 1:15-17; 1 Juan 5:20
2 Lc. 1:35
3 Mt. 1:18-23; Juan 1:14; Gal. 4:4; Heb. 2:14
4 2 Sam. 7:12-16; Sal. 132:11; Mt. 1:1; Rom. 1:3
5 Fil. 2:7; Heb. 2:17
6 Heb. 4:15; 7:26-27

P&R 36
P. ¿Cómo te beneficia la santa concepción y el nacimiento de Cristo?
R. Él es nuestro mediador1 y, a los ojos de Dios, cubre con su inocencia y perfecta santidad mi pecaminosidad en la cual fui concebido.2

1 1 Tim. 2:5-6; Heb. 9:13-15
2 Rom. 8:3-4; 2 Cor. 5:21; Gal. 4:4-5; 1 Pedro 1:18-19

Domingo 15

P&R 37
P. ¿Qué entiendes cuando se dice que “sufrió”?
R. Que durante toda su vida en la tierra, pero especialmente al final, Cristo soportó en cuerpo y alma la ira de Dios en contra del pecado de toda la raza humana.1

Lo hizo a fin de que mediante su sufrimiento como único sacrificio expiatorio,2 pudiera librarnos, en cuerpo y alma, de la condenación eterna,3 y ganar para nosotros la gracia, la justicia y la vida eterna de Dios.4

1 Isa. 53; 1 Pedro 2:24; 3:18
2 Rom. 3:25; Heb. 10:14; 1 Juan 2:2; 4:10
3 Rom. 8:1-4; Gal. 3:13
4 Juan 3:16; Rom. 3:24-26

P&R 38
P. ¿Por qué sufrió “bajo el podermde Poncio Pilato” que actuó como juez?
R. Para que, aunque inocente, pudiera ser condenado por un juez terrenal,1 y así librarnos del severo juicio de Dios que vendría sobre todos nosotros.2

1 Lc. 23:13-24; Juan 19:4, 12-16
2 Isa. 53:4-5; 2 Cor. 5:21; Gal. 3:13

P&R 39
P. ¿Es significativo que fuera “crucificado” en lugar de morir de otro modo?
R. Sí. Esto me convence de que cargó con la maldición que yacía sobre mí, puesto que la muerte por crucifixión era maldición divina.1

1 Gal. 3:10-13 (Dt. 21:23)

Domingo 16

P&R 40
P. ¿Por qué fue necesario que Cristo sufriera la muerte?
R. Porque la justicia y la verdad de Dios lo requerían:1 ninguna otra cosa podría pagar nuestros pecados que no sea la muerte del Hijo de Dios.2

1 Gen. 2:17
2 Rom. 8:3-4; Fil. 2:8; Heb. 2:9

P&R 41
P. ¿Por qué fue “sepultado”?
R. Su sepultura testifica que realmente murió.1

1 Isa. 53:9; Juan 19:38-42; Hch. 13:29; 1 Cor. 15:3-4

P&R 42
P. Puesto que Cristo murió por nosotros, ¿por qué todavía tenemos que morir?
R. Nuestra muerte no paga la deuda por nuestros pecados.1 Más bien pone término a nuestro pecar y es la entrada a la vida eterna.2

1 Sal. 49:7
2 Juan 5:24; Fil. 1:21-23; 1 Tes. 5:9-10

P&R 43
P. ¿Qué otro beneficio recibimos del sacrificio y muerte de Cristo en la cruz?
R. Por el poder de Cristo nuestra antigua forma de ser fue crucificada, muerta y sepultada con él,1 para que los deseos malvados de la carne ya no nos controlen,2 sino que nos ofrezcamos a él como sacrificio de acción de gracias.3

1 Rom. 6:5-11; Col. 2:11-12
2 Rom. 6:12-14
3 Rom. 12:1; Ef. 5:1-2

P&R 44
P. ¿Por qué añade el credo “descendió al infierno”?
R. Para asegurarme, durante los ataques de terror y tentación más terribles, que Cristo mi Señor, por medio de haber sufrido angustia, dolor y terror en su alma, sobre la cruz pero también antes de eso, me ha librado de la angustia y tormento infernal.1

1 Isa. 53; Mt. 26:36-46; 27:45-46; Lc. 22:44; Heb. 5:7-10

Domingo 17

P&R 45
P. ¿Cómo nos beneficia la resurrección de Cristo?
R. Primero, por su resurrección venció la muerte, para hacernos partícipes de la justicia que obtuvo en favor nuestro por su muerte.1

Segundo, por su poder también nosotros ya hemos sido resucitados a una nueva vida.2

Tercero, la resurrección de Cristo es garantía segura de nuestra bendita resurrección.3

1 Rom. 4:25; 1 Cor. 15:16-20; 1 Pedro 1:3-5
2 Rom. 6:5-11; Ef. 2:4-6; Col. 3:1-4
3 Rom. 8:11; 1 Cor. 15:12-23; Fil. 3:20-21

Domingo 18

P&R 46
P. ¿Qué entiendes por “subió al cielo”?
R. Entiendo que Cristo, a la vista de sus discípulos, fue elevado de la tierra al cielo1 y que permanece allí para nuestro bien2 hasta que vuelva otra vez a juzgar a los vivos y a los muertos.3

1 Lc. 24:50-51; Hch. 1:9-11
2 Rom. 8:34; Ef. 4:8-10; Heb. 7:23-25; 9:24
3 Hch 1:11

P&R 47
P. ¿Pero acaso no está Cristo con nosotros hasta el fin del mundo como lo prometió?1
R. Cristo es verdadero ser humano y verdadero Dios. En su naturaleza humana Cristo no está ahora en la tierra;2 pero en su divinidad, majestad, gracia y Espíritu jamás está ausente de nosotros.3

1 Mt. 28:20
2 Hch. 1:9-11; 3:19-21
3 Mt. 28:18-20; Juan 14:16-19

P&R 48
P. Si su humanidad no está presente donde sea que esté su divinidad, ¿no significa esto que las dos naturalezas de Cristo están separadas una de la otra?
R. De ninguna manera. Puesto que la divinidad de Cristo no tiene límites y está presente en todo lugar,1 es evidente que su divinidad ciertamente está más allá de los límites de la humanidad que tomó, pero al mismo tiempo su divinidad está y permanece personalmente unida a su humanidad.2

1 Jer. 23:23-24; Hch. 7:48-49 (Isa. 66:1)
2 Juan 1:14; 3:13; Col. 2:9

P&R 49
P. ¿Cómo nos beneficia la ascensión de Cristo al cielo?
R. Primero, él es nuestro abogado en el cielo en la presencia de su Padre.1

Segundo, tenemos nuestra propia carne en el cielo como garantía segura de que Cristo, nuestra cabeza, nos llevará a nosotros sus miembros para estar con él.2

Tercero, nos envía su Espíritu a la tierra como garantía correspondiente.3 Por el poder del Espíritu ya no buscamos las cosas terrenales, sino las cosas de arriba, donde Cristo está, sentado a la diestra de Dios.4

1 Rom. 8:34; 1 Juan 2:1
2 Juan 14:2; 17:24; Ef. 2:4-6
3 Juan 14:16; 2 Cor. 1:21-22; 5:5
4 Col. 3:1-4

Domingo 19

P&R 50
P. ¿Por qué se añade que “está sentado a la diestra de Dios”?
R. Porque Cristo ascendió al cielo para mostrar allí que él es la cabeza de su iglesia,1 a través de quien el Padre gobierna todas las cosas.2

1 Ef. 1:20-23; Col. 1:18
2 Mt. 28:18; Juan 5:22-23

P&R 51
P. ¿Cómo nos beneficia la gloria de Cristo, nuestra cabeza?
R. Primero, mediante su Espíritu él derrama dones desde el cielo sobre nosotros sus miembros.1

Segundo, por su poder nos defiende y mantiene seguros de todos los enemigos.2

1 Hch. 2:33; Ef. 4:7-12
2 Sal. 110:1-2; Juan 10:27-30; Apoc. 19:11-16

P&R 52
P. ¿Qué consuelo encuentras en el regreso de Cristo para “juzgar a los vivos y a los muertos”?
R. En todas las aflicciones y persecuciones, con mi cabeza erguida espero confiado al mismo juez que en mi lugar ya se ofreció a sí mismo a la condenación de Dios y apartó de mí toda maldición.1 Cristo echará a todos los enemigos suyos y míos a la condenación eterna, pero me tomará a mí y a todos los elegidos consigo mismo para llevarnos al gozo y gloria del cielo.2

1 Lc. 21:28; Rom. 8:22-25; Fil. 3:20-21; Tit. 2:13-14
2 Mt. 25:31-46; 2 Tes. 1:6-10

Dios Espíritu Santo

Domingo 20

P&R 53
P. ¿Qué crees acerca del “Espíritu Santo”?
R. Primero, que el Espíritu, con el Padre y el Hijo, es Dios eterno.1

Segundo, que el Espíritu me es dado a mí también,2 para que a través de la fe me haga partícipe de Cristo y de todos sus beneficios,3 me consuele,4 y permanezca conmigo para siempre.5

1 Gen. 1:1-2; Mt. 28:19; Hch. 5:3-4
2 1 Cor. 6:19; 2 Cor. 1:21-22; Gal. 4:6
3 Gal. 3:14
4 Juan 15:26; Hch. 9:31
5 Juan 14:16-17; 1 Pedro 4:14

Domingo 21

P&R 54
P. ¿Qué crees acerca de la “santa iglesia católica”?
R. Creo que el Hijo de Dios mediante su Espíritu y Palabra,1 de toda la raza humana,2 desde el principio del mundo hasta el final,3 congrega, protege y preserva para sí mismo una comunidad elegida para vida eterna4 y unida en la verdadera fe.5 Y de esta comunidad yo soy6 y siempre seré7 un miembro vivo.

1 Juan 10:14-16; Hch. 20:28; Rom. 10:14-17; Col. 1:18
2 Gen. 26:3b-4; Apoc. 5:9
3 Isa. 59:21; 1 Cor. 11:26
4 Mt. 16:18; Juan 10:28-30; Rom. 8:28-30; Ef. 1:3-14
5 Hch. 2:42-47; Ef. 4:1-6
6 1 Juan 3:14, 19-21
7 Juan 10:27-28; 1 Cor. 1:4-9; 1 Pedro 1:3-5

P&R 55
P. ¿Qué entiendes por la “comunión de los santos”?
R. Primero, que todos los creyentes en general y en particular, como miembros de esta comunidad, participan en Cristo y en todos sus tesoros y dones.1

Segundo, que cada miembro debe considerar que tiene el deber de usar sus dones pronta y gozosamente para el servicio y enriquecimiento de los otros miembros.2

1 Rom. 8:32; 1 Cor. 6:17; 12:4-7, 12-13; 1 Juan 1:3
2 Rom. 12:4-8; 1 Cor. 12:20-27; 13:1-7; Fil. 2:4-8

P&R 56
P. ¿Qué crees en cuanto al “perdón de los pecados”?
R. Creo que Dios, debido a la satisfacción efectuada por Cristo, ya no recuerda ninguno de mis pecados1 ni mi naturaleza pecaminosa contra la cual debo luchar toda mi vida.2

Por el contrario, por gracia Dios me concede la justicia de Cristo para librarme para siempre de la condenación.3

1 Sal. 103:3-4, 10, 12; Mi. 7:18-19; 2 Cor. 5:18-21; 1 Juan 1:7; 2:2
2 Rom. 7:21-25
3 Juan 3:17-18; Rom. 8:1-2

Domingo 22

P&R 57
P. ¿Qué consuelo encuentras en la “resurrección del cuerpo”?
R. No sólo mi alma será llevada de inmediato después de esta vida a estar con Cristo su cabeza,1 sino que también mi propia carne será recusitada por el poder de Cristo, para ser reunida con mi alma, y conformada al glorioso cuerpo de Cristo.2

1 Lc. 23:43; Fil. 1:21-23
2 1 Cor. 15:20, 42-46, 54; Fil. 3:21; 1 Juan 3:2

P&R 58
P. ¿Qué consuelo encuentras en el artículo acerca de “la vida eterna”?
R. Así como ya ahora experimento en mi corazón el principio del gozo eterno,1 así también después de esta vida gozaré de una perfecta bienaventuranza que ningún ojo ha visto, ni oído ha escuchado, ni corazón humano alguno ha imaginado jamás: una bienaventuranza para alabar a Dios por toda la eternidad.2

1 Rom. 14:17
2 Juan 17:3; 1 Cor. 2:9

Domingo 23

P&R 59
P. ¿Pero qué provecho sacas de creer todo esto?
R. En Cristo soy justo delante de Dios y heredero de la vida eterna.1

1 Juan 3:36; Rom. 1:17 (Hab. 2:4); Rom. 5:1-2

P&R 60
P. ¿Cómo es que eres justo delante de Dios?
R. Por la sola y verdadera fe en Jesucristo.1

Aunque mi conciencia me acuse de haber pecado gravemente contra todos los mandamientos de Dios, de no haber guardado jamás ninguno de ellos,2 y de estar todavía inclinado hacia todo mal,3 a pesar de todo, sin ningún mérito propio,4 y de pura gracia,5 Dios me concede y acredita la perfecta satisfacción, justicia y santidad de Cristo,6 como si jamás hubiese pecado o sido un pecador, y como si hubiese sido obediente a la perfección, como Cristo fue obediente en mi favor.7

Todo lo que tengo que hacer es aceptar este don con un corazón creyente.8

1 Rom. 3:21-28; Gal. 2:16; Ef. 2:8-9; Fil. 3:8-11
2 Rom. 3:9-10
3 Rom. 7:23
4 Tit. 3:4-5
5 Rom. 3:24; Ef. 2:8
6 Rom. 4:3-5 (Gen. 15:6); 2 Cor. 5:17-19; 1 Juan 2:1-2
7 Rom. 4:24-25; 2 Cor. 5:21
8 Juan 3:18; Hch. 16:30-31

P&R 61
P. ¿Por qué afirmas que eres justo por la fe sola?
R. No agrado a Dios a causa de la dignidad de mi fe. Es sólo a causa de la satisfacción, justicia y santidad de Cristo que soy justo ante Dios,1 y porque puedo aceptar esta justicia y hacerla mía de ninguna otra manera que por medio de la fe.2

1 1 Cor. 1:30-31
2 Rom. 10:10; 1 Juan 5:10-12

Domingo 24

P&R 62
P. ¿Por qué no pueden nuestras buenas obras ser nuestra justicia delante de Dios o al menos parte de nuestra justicia?
R. Porque la justicia capaz de ser aprobada por el juicio de Dios deberá ser enteramente perfecta y cumplir en todo sentido con la ley divina.1 Pero ocurre que hasta nuestras mejores obras en esta vida son imperfectas y están manchadas por el pecado.2

1 Rom. 3:20; Gal. 3:10 (Dt. 27:26)
2 Isa. 64:6

P&R 63
P. ¿Cómo es que se dice que nuestras obras no tienen mérito alguno, cuando Dios promete recompensarlas en esta vida y la venidera?1
R. Esta recompensa no se gana, sino que es un don de gracia.2

1 Mt. 5:12; Heb. 11:6
2 Lc. 17:10; 2 Tim. 4:7-8

P&R 64
P. ¿Pero no es cierto que esta enseñanza hace que la gente se ponga indiferente e impía?
R. No. Es imposible que aquellos que fueron injertados en Cristo por medio de la fe dejen de producir frutos de gratitud.1

1 Lc. 6:43-45; Juan 15:5

Los Santos Sacramentos

Domingo 25

P&R 65
P. Si por la sola fe participamos en Cristo y en todos sus beneficios, ¿de dónde viene la fe?
R. Viene del Espíritu Santo que la produce en nuestros corazones1 por medio de la predicación del santo evangelio,2 que la confirma mediante el uso de los santos sacramentos.3

1 Juan 3:5; 1 Cor. 2:10-14; Ef. 2:8
2 Rom. 10:17; 1 Pedro 1:23-25
3 Mt. 28:19-20; 1 Cor. 10:16

P&R 66
P. ¿Qué son los sacramentos?
R. Los sacramentos son señales y sellos visibles y sagrados. Fueron instituidos por Dios para que mediante su uso él nos ayude a entender con más claridad la promesa del evangelio, y para sellar dicha promesa.1

Esta es la promesa del evangelio de Dios: Concedernos el perdón de los pecados y la vida eterna por gracia, a causa del único sacrificio de Cristo realizado en la cruz.2

1 Gen. 17:11; Dt. 30:6; Rom. 4:11
2 Mt. 26:27-28; Hch. 2:38; Heb. 10:10

P&R 67
P. ¿Fueron la palabra y los sacramentos diseñados con el fin de enfocar nuestra fe en el sacrificio de Jesucristo en la cruz como único fundamento de nuestra salvación?
R. ¡Sí! En el evangelio el Espíritu Santo nos en-seña y nos confirma mediante los sa-cramentos que toda nuestra salvación descansa sobre el único sacrificio de Cristo por nosotros en la cruz.1

1 Rom. 6:3; 1 Cor. 11:26; Gal. 3:27

P&R 68
P. ¿Cuántos sacramentos instituyó Cristo en el Nuevo Testamento?
R. Dos: el santo bautismo y la santa cena.1

1 Mt. 28:19-20; 1 Cor. 11:23-26

El Santo Bautismo

Domingo 26

P&R 69
P. ¿Cómo te recuerda y asegura el santo bautismo que el único sacrifico de Cristo en la cruz te beneficia a ti personalmente?
R. De esta manera: Cristo instituyó este lavamiento externo1 y con él la promesa de que, tan cierto como el agua lava la suciedad del cuerpo, así también su sangre y su Espíritu lava la impureza de mi alma, esto es, todos mis pecados.2

1 Hch. 2:38
2 Mt. 3:11; Rom. 6:3-10; 1 Pedro 3:21

P&R 70
P. ¿Qué significa ser lavado con la sangre y el Espíritu de Cristo?
R. Ser lavado con la sangre de Cristo significa que Dios, por su gracia, ha perdonado nuestros pecados a causa de la sangre de Cristo derramada por nosotros en su sacrificio en la cruz.1

Ser lavado por el Espíritu de Cristo significa que el Espíritu Santo nos ha renovado y santificado para que seamos miembros de Cristo, para que más y más lleguemos a estar muertos al pecado y vivamos vidas santas y sin reproche.2

1 Zac. 13:1; Ef. 1:7-8; Heb. 12:24; 1 Pe-dro. 1:2; Apoc. 1:5
2 Ez. 36:25-27; Juan 3:5-8; Rom. 6:4; 1 Cor. 6:11; Col. 2:11-12

P&R 71
P. ¿Dónde nos promete Cristo que somos lavados con su sangre y Espíritu tan ciertamente como somos lavados con el agua del bautismo?
R. En la institución del bautismo, donde dice: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.1

“El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado”.2

Se repite la promesa cuando la Escritura llama al bautismo “el lavamiento del nuevo nacimiento”3 y el “lavamiento de tus pecados”.4

1 Mt. 28:19
2 Mc. 16:16
3 Tit. 3:5
4 Hch. 22:16

Domingo 27

P&R 72
P. ¿Es el lavamiento exterior con agua el lavamiento mismo de los pecados?
R. No, sólo la sangre de Jesucristo y el Espíritu Santo limpian de todo pecado.1

1 Mt. 3:11; 1 Pedro 3:21; 1 Juan 1:7

P&R 73
P. ¿Por qué, pues, el Espíritu Santo llama al bautismo el agua del nuevo nacimiento o el lavamiento de pecados?
R. Dios tiene una buena razón al usar estas palabras. Para empezar, Dios quiere enseñarnos que la sangre y Espíritu de Cristo quita nues-tros pecados así como el agua remueve la suciedad de nuestro cuerpo.1

Pero más importante aún, Dios quiere asegurarnos, mediante su promesa y señal divina, que somos verdaderamente lavados de nuestros pecados espiritualmente así como nuestros cuerpos son lavados con agua físicamente.2

1 1 Cor. 6:11; Apoc. 1:5; 7:14
2 Hch 2:38; Rom. 6:3-4; Gal. 3:27

P&R 74
P. ¿Deben los niños también ser bautizados?
R. Sí. Tanto los niños como los adultos están incluidos en el pacto de Dios y en su pueblo,1 y a los niños, no menos que los adultos, se les ha prometido la liberación del pecado a través de la sangre de Cristo y su Espíritu Santo que produce la fe.2

Por tanto, mediante el bautismo, señal del pacto, ellos también deben ser incorporados a la iglesia cristiana y ser diferenciados de los niños de los no creyentes.3 Esto se llevó a cabo en el Antiguo Testamento mediante la circuncisión,4 que en el Nuevo Testamento fue reem-plazada por el bautismo.5

1 Gen. 17:7; Mt. 19:14
2 Isa. 44:1-3; Hch. 2:38-39; 16:31
3 Hch. 10:47; 1 Cor. 7:14
4 Gen. 17:9-14
5 Col. 2:11-13

La Santa Cena de Jesucristo

Domingo 28

P&R 75
P. ¿Cómo es que la Santa Cena te recuerda y asegura que participas en el único sacrificio de Cristo en la cruz y en todos sus beneficios?
R. Lo hace de esta manera: Cristo me ha mandado a mí y a todos los creyentes que coman este pan partido y que beban esta copa en memoria de él. Junto con este mandamiento vienen las siguientes promesas:1

Primero, tan seguro como mis ojos ven el pan del Señor partido para mí y la co-pa que se comparte conmigo, así también es cierto que su cuerpo fue ofrecido y sacrificado por mí y su sangre fue derramada por mí en la cruz.

Segundo, tan seguro como recibo de mano de aquel que reparte los elementos y gusto con mi boca el pan y la copa del Señor que se me entregan como señales segu-ras del cuerpo y sangre de Cristo, así también es cierto que Cristo nutre y refresca mi alma para vida eterna con su cuerpo crucificado y su sangre derramada.

1 Mt. 26:26-28; Mc. 14:22-24; Lc. 22:19-20; 1 Cor. 11:23-25

P&R 76
P. ¿Qué significa comer el cuerpo crucificado de Cristo y beber su sangre derramada?
R. Significa aceptar con un corazón creyente todo el sufrimiento y muerte de Cristo y de esta manera recibir perdón de pecados y vida eterna.1

Pero significa más. Mediante el Espíritu Santo, que vive tanto en Cristo como en nosotros, somos unidos más y más al bendito cuerpo de Cristo.2 Y así, aunque él está en el cielo3 y nosotros estamos aquí en la tierra, somos carne de su carne y huesos de su huesos.4 Y para siempre vivimos y somos gober-nados por un solo Espíritu, así como los miembros de nuestro cuerpo son gobernados por una sola alma.5

1 Juan 6:35, 40, 50-54
2 Juan 6:55-56; 1 Cor. 12:13
3 Hch. 1:9-11; 1 Cor. 11:26; Col. 3:1
4 1 Cor. 6:15-17; Ef. 5:29-30; 1 Juan 4:13
5 Juan 6:56-58; 15:1-6; Ef. 4:15-16; 1 Juan 3:24

P&R 77
P. ¿Dónde promete Cristo alimentar y refrescar a los creyentes con su cuerpo y sangre, tan ciertamente como comen el pan partido y beben de esta copa?
R. En la institución de la Cena del Señor:

“El Señor Jesús, la noche en que fue traicionado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: ‘Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros [es partido];* haced esto en memoria de mí.’ Asimismo tomó también la copa, después de la cena, diciendo: ‘Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.’ Porque cada vez que comiereis este pan y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”.1

Pablo repite la promesa con estas pala-bras:

“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo? Puesto que hay un solo el pan, nosotros que somos muchos somos un cuerpo; pues todos participamos de un solo pan”.2

1 1 Cor. 11:23-26
2 1 Cor. 10:16-17

*Las palabras “es partido” no aparecen en el texto griego, pero están en el original alemán de Catecismo de Heidelberg.

Domingo 29

P&R 78
P. ¿Se convierten el pan y el vino en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo?
R. No. Así como el agua del bautismo no se convierte en la sangre de Cristo y no lava nuestros pecados por sí misma, sino que es nada más que una señal y sello1 de estas cosas, así también el santo pan de la Cena del Señor no se convierte en el cuerpo real de Cristo,2 aunque se le llama el cuerpo de Cristo3 de acuerdo a la naturaleza y lenguaje de los sacramentos.4

1 Ef. 5:26; Tit. 3:5
2 Mt. 26:26-29
3 1 Cor. 10:16-17; 11:26-28
4 Gen. 17:10-11; Ex. 12:11, 13; 1 Cor. 10:1-4

P&R 79
P. ¿Por qué entonces Cristo llama al pan su cuerpo y a la copa su sangre, o habla del nuevo pacto de su sangre, y por qué Pablo habla de la participación del cuerpo y la sangre de Cristo?
R. Cristo tiene una buena razón para usar estas palabras. Nos quiere enseñar que así como el pan y el vino alimentan la vida temporal, así también su cuerpo crucificado y su sangre derramada son la verdadera comida y bebida de nuestras almas para vida eterna.1

Pero más importante, quiere asegurarnos, mediante esta señal y promesa, que nosotros, mediante la obra del Espíritu Santo, compartimos en su cuerpo y sangre verdaderos, tan seguro como recibimos estas santas señales en memoria de él,2 y que todo su sufrimiento y obediencia son tan definitivamente nuestros como si nosotros mismos hubiésemos personalmente sufrido y hecho satisfacción por nuestros pecados.3

1 Juan 6:51, 55
2 1 Cor. 10:16-17; 11:26
3 Rom. 6:5-11

Domingo 30

P&R 80
P.¿Qué diferencia hay entre la Cena del Señor y la Misa del Papa?
R. La Cena del Señor nos declara que todos nuestros pecados han sido perdonados completamente a través del único sacrificio de Jesucristo, que él mismo cumplió en la cruz una vez para siempre.1 También nos declara que el Espíritu Santo nos injerta en Cristo,2 quien con su verdadero cuerpo ahora está en el cielo a la diestra del Padre3 donde quiere que lo adoremos.4

[Pero la Misa enseña que los vivos y los muertos no tienen sus pecados perdonados a través del sufrimiento de Cristo, a menos que Cristo sea ofrecido por ellos diariamente por los sacerdotes.

También enseña que Cristo está corporalmente presente bajo la forma del pan y el vino, y por tanto Cristo debe ser adorado en estos elementos. De modo que, básicamente la Misa no es más que la negación del único sacrificio y sufrimiento de Jesucristo y una idolatría condenable.]**

1 Juan 19:30; Heb. 7:27; 9:12, 25-26; 10:10-18
2 1 Cor. 6:17; 10:16-17
3 Hch. 7:55-56; Heb. 1:3; 8:1
4 Mt. 6:20-21; Juan 4:21-24; Fil. 3:20; Col. 3:1-3

* La P&R 80 no aparecían en la primera edición del catecismo, pero fueron añadidas en una forma más corta en la segunda edición. La traducción que aquí presentamos viene de la tercera edición expandida. La Iglesia Reformada en América retiene el texto completo del original, reconociendo que el catecismo fue escrito en un contexto histórico que podría no reflejar la posición de la Iglesia Católica Romana de hoy.

P y R 81
P. ¿Quiénes deben participar en la mesa del Señor?
R. Los que están descontentos consigo mismos a causa de sus pecados, pero que confían que sus pecados han sido perdonados y que las flaquezas que todavía quedan son cubiertas por el sufrimiento y muerte de Cristo, y que más y más desean fortalecer su fe y vivir una vida mejor. Pero los hipócritas y los que no se arrepienten comen y beben su propia con-denación.1

1 1 Cor. 10:19-22; 11:26-32

P&R 82
P. ¿Deben ser admitidos a la Cena del Señor quienes por lo que profesan y por la forma en que viven demuestran que son incrédulos e impíos?
R. No, porque esto deshonraría el pacto con Dios y haría que la ira de Dios caiga sobre toda la congregación.1 Por tanto, según lo que Cristo y sus apóstoles instruyeron, la iglesia cristiana tiene el deber de excluir a tales personas, haciendo uso de las llaves del reino, hasta que reformen sus vidas.

1 1 Cor. 11:17-32; Sal. 50:14-16; Isa. 1:11-17

Domingo 31

P&R 83
P. ¿Qué son las llaves del reino?
R. La predicación del santo evangelio y la disciplina cristiana que llevan al arrepentimiento. Ambas cosas abren el reino a los creyentes y lo cierran a los incrédulos.1

11 Mt. 16:19; Juan 20:22-23

P&R 84
P. ¿Cómo es que la predicación del santo evangelio abre y cierra el reino de los cielos?
R. Se abre el reino de los cielos mediante la proclamación y la declaración pública a todos y cada uno de los creyentes diciéndoles que, en tanto que acepten la promesa del evangelio con verdadera fe, Dios les perdona verdaderamente todos sus pecados por los méritos de Cristo.

Pero se cierra el reino de los cielos mediante la proclamación y la declaración pública a todos los incrédulos e hipócritas diciéndoles que, en tanto que no se arrepientan, la ira y la condenación eterna de Dios descansa sobre ellos. El juicio de Dios, tanto en esta vida como en la venidera, se basa en este testimo-nio del evangelio.1

1 Mt. 16:19; Juan 3:31-36; 20:21-23

P&R 85
P. ¿Cómo es que se cierra y abre el reino de los cielos por medio de la disciplina cristiana?
R. Según el mandamiento de Cristo: Aquellos que, diciéndose cristianos, profesan enseñanzas no cristianas o viven vidas no cristianas, y que, después de haber sido amonestados repetidas veces con amor, se niegan a abandonar sus errores y su mala conducta, y que, después de haber sido denunciados a la iglesia (esto es, a quienes la iglesia ordenó para tal propósito), no hacen caso a las amonestaciones de la iglesia—la iglesia excluye a tales personas de la comunidad cristiana por medio de negarles los sacramentos, y Dios también los excluye del reino de Cristo.1 Tales personas, cuando prometen y demuestran una reforma genuina, son otra vez recibidos como miembros de Cristo y de su iglesia.2

1 Mt. 18:15-20; 1 Cor. 5:3-5, 11-13; 2 Tes. 3:14-15
2 Lc. 15:20-24; 2 Cor. 2:6-11

Tercera Parte: Gratitud

Domingo 32

P&R 86
P. Puesto que hemos sido liberados de nuestra miseria por gracia a través de Cristo sin ningún mérito nuestro, ¿Por qué hemos de hacer buenas obras?
R. Porque Cristo, habiéndonos redimido por su sangre, también nos restaura por su Espíritu a su propia imagen, para que con toda nuestra vida demostremos que estamos agradecidos a Dios por sus beneficios,1 para que sea alabado por nosotros,2 para que se nos asegure nuestra fe mediante sus frutos,3 y para que por nuestra vida íntegra nuestro prójimo sea ganado para Cristo.4

1 Rom. 6:13; 12:1-2; 1 Pedro 2:5-10
2 Mt. 5:16; 1 Cor. 6:19-20
3 Mt. 7:17-18; Gal. 5:22-24; 2 Pedro 1:10-11
4 Mt. 5:14-16; Rom. 14:17-19; 1 Pedro 2:12; 3:1-2

P&R 87
P. ¿Se salvarán los que no se vuelven a Dios de su vida malagradecida e impenitente?
R. De ninguna manera. La Escritura dice que ninguna persona impúdica, ninguna persona idólatra, adúltera, ratera, ninguna persona codiciosa, ninguna persona borracha, calumniadora, ladrona o similar heredará el reino de Dios.1

1 1 Cor. 6:9-10; Gal. 5:19-21; Ef. 5:1-20; 1 Juan 3:14

Domingo 33

P&R 88
P. ¿Qué involucra un arrepentimiento o conversión genuina?
R. Dos cosas: la muerte del antiguo yo, y la vivificación del nuevo.1

1 Rom. 6:1-11; 2 Cor. 5:17; Ef. 4:22-24; Col. 3:5-10

P&R 89
P. ¿En qué consiste la muerte del antiguo yo?
R. Significa estar genuinamente arrepentidos del pecado y odiar más y más el pecado y huir de él.1

1 Sal. 51:3-4, 17; Joel 2:12-13; Rom. 8:12-13; 2 Cor. 7:10

P&R 90
P. ¿En qué consiste la vivificación del nuevo yo?
R. Significa alegrarse de todo corazón en Dios a través de Cristo1 y amar y deleitarse en vivir según la voluntad de Dios por medio de realizar todo tipo de buenas obras.2

1 Sal. 51:8, 12; Isa. 57:15; Rom. 5:1; 14:17
2 Rom. 6:10-11; Gal. 2:20

P&R 91
P. ¿Qué son buenas obras?
R. Sólo aquellas que son realizadas en la verdadera fe,1 según la ley de Dios,2 y que son hechas para la gloria de Dios;3 y no las que están fundadas en nuestra propia opinión o en la tradición humana.4

1 Juan 15:5; Heb. 11:6
2 Lv. 18:4; 1 Sam. 15:22; Ef. 2:10
3 1 Cor. 10:31
4 Dt. 12:32; Isa. 29:13; Eze. 20:18-19; Mt. 15:7-9

Domingo 34

P&R 92
P. ¿Qué es la ley de Dios?
R. Dios pronunció estas palabras:

PRIMER MANDAMIENTO
“Yo soy el Señor tu Dios, Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo. No tengas otros dioses además de mí”.

SEGUNDO MANDAMIENTO
“No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el SEÑOR tu Dios, soy un Dios celoso, que castiga a los hijos por la maldad de los padres, hasta la tercera y cuarta generación de los que me rechazan. Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones”.

TERCER MANDAMIENTO
“No pronuncies el nombre del SEÑOR tu Dios a la ligera. Yo, el SEÑOR, no tendré por inocente a quien se atreva a pronunciar mi nombre a la ligera”.

CUARTO MANDAMIENTO
“Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al SEÑOR tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades. Acuérdate de que en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el SEÑOR bendijo y consagró el día de reposo”.

QUINTO MANDAMIENTO
“Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el SEÑOR tu Dios”.

SEXTO MANDAMIENTO
“No mates”.

SÉPTIMO MANDAMIENTO
“No cometas adulterio”.

OCTAVO MANDAMIENTO
“No robes”.

NOVENO MANDAMIENTO
“No des falso testimonio en contra de tu prójimo”.

DÉCIMO MANDAMIENTO
“No codicies la casa de tu prójimo: No codicies su esposa, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su burro, ni nada que le pertenezca a tu prójimo”.1

1 Ex. 20:1-17; Dt. 5:6-21

P&R 93
P. ¿Cómo se dividen estos mandamientos?
R. En dos tablas. La primera contiene cuatro mandamientos que enseñan cómo debemos vivir en relación a Dios. La segunda contiene seis mandamientos que nos enseñan lo que le debemos al prójimo.1

1 Mt. 22:37-39

P&R 94
P. ¿Qué requiere el Señor en el primer mandamiento?
R. Que para no poner en peligro mi propia salvación, evite y huya de toda idolatría,1 hechicería, ritos superticiosos,2 y oraciones a los santos u otras criaturas.3

Que correctamente conozca al único Dios verdadero,4 que en él solo confíe,5 y busque a Dios para todo lo bueno6 humilde7 y pacientemente,8 y que ame,9 tema10 y honre11 a Dios con todo mi corazón.

En suma, que renuncie a todo lo que me lleve a hacer cualquier cosa que esté en contra de la voluntad de Dios.12

1 1 Cor. 6:9-10; 10:5-14; 1 Juan 5:21
2 Lv. 19:31; Dt. 18:9-12
3 Mt. 4:10; Apoc. 19:10; 22:8-9
4 Juan 17:3
5 Jer. 17:5, 7
6 Sal. 104:27-28; Stg. 1:17
7 1 Pedro 5:5-6
8 Col. 1:11; Heb. 10:36
9 Mt. 22:37 (Dt. 6:5)
10 Prov. 9:10; 1 Pedro 1:17
11 Mt. 4:10 (Dt. 6:13)
12 Mt. 5:29-30; 10:37-39

P&R 95
P. ¿Qué es idolatría?
R. La idolatría es tener o inventar algo en lo que uno confía en lugar o además del único y verdadero Dios, que se ha revelado a sí mismo en su Palabra.1

1 1 Cro. 16:26; Gal. 4:8-9; Ef. 5:5; Fil. 3:19

Domingo 35

P&R 96
P. ¿Cuál es la voluntad de Dios para nosotros en el segundo mandamiento?
R. Que de ninguna manera hagamos una imagen de Dios1 ni lo adoremos en ninguna otra forma que la que ha sido ordenada en la Palabra de Dios.2

1 Dt. 4:15-19; Isa. 40:18-25; Hch. 17:29; Rom. 1:22-23
2 Lv. 10:1-7; 1 Sam. 15:22-23; Juan 4:23-24

P&R 97
P. ¿Significa esto que no debemos hacer ninguna imagen de Dios?
R. Dios no puede ni debe ser representado de ninguna manera. Aunque algunas criaturas pueden ser representadas, Dios prohíbe hacer o tener dichas imágenes con el fin de adorarlas o de servir a Dios por medio de ellas.1

1 Ex. 34:13-14, 17; 2 R 18:4-5

P&R 98
P. ¿Pero no se podrían permitir las imágenes en los templos como si fueran libros para los ignorantes?
R. No. No debemos tratar de ser más sabios que Dios. Dios quiere que la comunidad cristiana sea instruida por la predicación viva de su Palabra—1 no mediante ídolos que ni siquiera pueden hablar.2

1 Rom. 10:14-15, 17; 2 Tim. 3:16-17; 2 Pedro 1:19
2 Jer. 10:8; Hab. 2:18-20

Domingo 36

P&R 99
P. ¿Cuál es el propósito del tercer mandamiento?
R. Que no blasfememos ni profanemos el nombre de Dios maldiciendo,1 dando falso testimonio2 o haciendo juramentos innecesarios,3 ni que participemos en tales horribles pecados quedándonos callados ante ellos.4

En suma, debemos usar el santo nombre de Dios sólo con temor y veneración,5 para que propiamente confesemos a Dios,6 oremos a Dios,7 y glorifiquemos a Dios con todas nuestras palabras y obras.8

1 Lv. 24:10-17
2 Lv. 19:12
3 Mt. 5:37; Stg. 5:12
4 Lv. 5:1; Prov. 29:24
5 Sal. 99:1-5; Jer. 4:2
6 Mt. 10:32-33; Rom. 10:9-10
7 Sal. 50:14-15; 1 Tim. 2:8
8 Col. 3:17

P&R 100
P. ¿Es la blasfemia del nombre de Dios, por medio de juramentos y maldiciones, algo tan serio que Dios se enoja con aquellos que no hacen todo lo que puedan para prevenirlo y prohibirlo?
R. Por supuesto que sí.1 No hay mayor pecado ni cosa que provoque más la ira de Dios que la blasfemia de su nombre. Esta es la razón por la que Dios mandó que dicho pecado sea castigado con la muerte.2

1 Lv. 5:1
2 Lv. 24:10-17

Domingo 37

P&R 101
P. ¿Podemos hacer un juramento en el nombre de Dios, si lo hacemos con reverencia?
R. Sí, cuando el gobierno lo demanda, o cuando la necesidad lo exige, para mantener y promover la verdad y la confianza para la gloria de Dios y el bien del prójimo.

Tales juramentos se fundamentan en la Palabra de Dios1 y fueron usados correctamente por el pueblo de Dios en el Antiguo y Nuevo Testamentos.2

1 Dt. 6:13; 10:20; Jer. 4:1-2; Heb. 6:16
2 Gen. 21:24; Jos. 9:15; 1 R 1:29-30; Rom. 1:9; 2 Cor. 1:23

P&R 102
P. ¿Podemos jurar también por los san-tos y otras criaturas?
R. No. Un juramento legítimo significa invocar a Dios como la única persona que conoce mi corazón para dar testimonio de mi veracidad y para que me castigue si juro falsamente.1 Ninguna criatura es digna de tan grande honor.2

1 Rom. 9:1; 2 Cor. 1:23
2 Mt. 5:34-37; 23:16-22; Stg. 5:12

Domingo 38

P&R 103
P. ¿Cuál es la voluntad de Dios para tu vida en el cuarto mandamiento?
R. Primero, que se mantenga el ministerio y la instrucción del evangelio,1 y que, especialmente en el día de descanso festivo, yo asista diligentemente a la asamblea del pueblo de Dios2 para aprender lo que enseña la Palabra de Dios,3 para participar en los sacramentos,4 para orar a Dios públicamente,5 y para dar mi ofrenda cristiana para los pobres.6

Segundo, que cada día de mi vida descanse de mis malos caminos, y permita que el Señor obre en mí por su Espíritu, y que así empiece en esta vida el descanso eterno.7

1 Dt. 6:4-9, 20-25; 1 Cor. 9:13-14; 2 Tim. 2:2; 3:13-17; Tit. 1:5
2 Dt. 12:5-12; Sal. 40:9-10; 68:26; Hch. 2:42-47; Heb. 10:23-25
3 Rom. 10:14-17; 1 Cor. 14:31-32; 1 Tim. 4:13
4 1 Cor. 11:23-25
5 Col. 3:16; 1 Tim. 2:1
6 Sal. 50:14; 1 Cor. 16:2; 2 Cor. 8–9
7 Isa. 66:23; Heb. 4:9-11

Domingo 39

P&R 104
P. ¿Cuál es la voluntad de Dios para tu vida en el quinto mandamiento?
R. Que honre, ame y sea fiel a mi padre y madre y a todos los que tienen autoridad sobre mí; que me someta con apropiada obediencia a toda su buena enseñanza y disciplina1; y que sea paciente con sus flaquezas—2 porque Dios ha escogido gobernarnos por medio de ellos.3

1 Ex. 21:17; Prov. 1:8; 4:1; Rom. 13:1-2; Ef. 5:21-22; 6:1-9; Col. 3:18-4:1
2 Prov. 20:20; 23:22; 1 Pedro 2:18
3 Mt. 22:21; Rom. 13:1-8; Ef. 6:1-9; Col. 3:18-21

Domingo 40

P&R 105
P. ¿Cuál es la voluntad de Dios para tu vida en el sexto mandamiento?
R. Que no menosprecie, odie, insulte o mate a mi prójimo—que tampoco lo haga con mis pensamientos, mis palabras, mis miradas o gestos, y por cierto que jamás lo dañe con mis acciones—y que no partícipe con otros en algo así;1 por el contrario, debo suprimir todo deseo de venganza.2

Tampoco debo hacerme daño a mí mismo ni imprudentemente ponerme en peligro.3

Además, el gobierno está armado con la espada para prevenir el homicidio.4

1 Gen. 9:6; Lv. 19:17-18; Mt. 5:21-22; 26:52
2 Prov. 25:21-22; Mt. 18:35; Rom. 12:19; Ef. 4:26
3 Mt. 4:7; 26:52; Rom. 13:11-14
4 Gen. 9:6; Ex. 21:14; Rom. 13:4

P&R 106
P. ¿Se refiere este mandamiento al homicidio solamente?
R. Al prohibir el homicidio Dios nos enseña que odia la raíz del homicidio: envidia, odio, ira, venganza.1

A los ojos de Dios todas estas cosas son formas veladas de homicidio.2

1 Prov. 14:30; Rom. 1:29; 12:19; Gal. 5:19-21; 1 Juan 2:9-11
2 1 Juan 3:15

P&R 107
P. ¿Es, pues, suficiente que no matemos a nuestro prójimo en ninguna de las formas que hemos descrito?
R. No. Al condenar la envidia, el odio y la ira, Dios desea que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos,1 que seamos pacientes, pacíficos, bondadosos, misericordiosos y amistosos para con él,2 a fin de protegerlo de todo daño hasta donde nos sea posible, y que hagamos el bien incluso a nuestros enemigos.3

1 Mt. 7:12; 22:39; Rom. 12:10
2 Mt. 5:3-12; Lc. 6:36; Rom. 12:10, 18; Gal. 6:1-2; Ef. 4:2; Col. 3:12; 1 Pedro. 3:8
3 Ex. 23:4-5; Mt. 5:44-45; Rom. 12:20-21 (Prov. 25:21-22)

Domingo 41

P&R 108
P. ¿Qué nos enseña el séptimo mandamiento?
R. Que Dios codena toda impudicia,1 y que, por tanto, debemos detestarla completamente2 y que debemos vivir vidas decentes y castas,3 dentro y fuera del santo estado del matrimonio.

1 Lv. 18:30; Ef. 5:3-5
2 Judas 22-23
3 1 Cor. 7:1-9; 1 Tes. 4:3-8; Heb. 13:4

P&R 109
P. ¿Prohíbe Dios en este mandamiento sólo pecados escandalosos como el adulterio?
R. Somos templos del Espíritu Santo, en cuerpo y alma, y Dios quiere que ambos sean conservados puros y santos. Es por esto que Dios prohíbe toda acción, mirada, conversación, pensamientos o deseos impúdicos,1 y cualquier cosa que pueda incitar a alguien hacia tales cosas.2

1 Mt. 5:27-29; 1 Cor. 6:18-20; Ef. 5:3-4
2 1 Cor. 15:33; Ef. 5:18

Domingo 42

P&R 110
P. ¿Qué prohíbe Dios en el octavo mandamiento?
R. Dios no solo prohíbe el hurto y robo declarados, que son castigados por la ley,1 sino que a los ojos de Dios el hurto también incluye toda intriga y engaño con el fin de apoderarnos de los bienes del prójimo, sea por la fuerza o por medios que parecieran legítimos,2 tales como medidas inexactas de peso, tamaño o volumen; mercancía fraudulenta; dinero falsificado; interés excesivo; o cualquier otro medio que Dios prohíbe.3

Además, Dios prohíbe toda codicia4 y el despilfarro inútil de sus dones5

1 Ex. 22:1; 1 Cor. 5:9-10; 6:9-10
2 Mi. 6:9-11; Lc. 3:14; Stg. 5:1-6
3 Dt. 25:13-16; Sal. 15:5; Prov. 11:1; 12:22; Eze. 45:9-12; Lc. 6:35
4 Lc. 12:15; Ef. 5:5
5 Prov. 21:20; 23:20-21; Lc. 16:10-13

P&R 111
P. ¿Qué requiere Dios de ti en este mandamiento?
R. Que haga todo lo que pueda para el bien de mi prójimo, que trate a los demás como me gustaría ser tratado por ellos, y que trabaje fielmente para que pueda compartir con aquellos que tienen necesidad.1

1 Isa. 58:5-10; Mt. 7:12; Gal. 6:9-10; Ef. 4:28

Domingo 43

P&R 112
P. ¿Qué se busca con el noveno mandamiento?
R. Que yo jamás levante falso testimonio contra ninguna persona, ni que tergiverse las palabras de otros, ni difunda chismes o calumnias, ni que me una a condenar a alguien a la ligera o sin proceso judicial.1

Por el contrario, sea en la corte o en cualquier otro lugar, debo evitar la mentira y el engaño de todo tipo; estas son las artimañas que el diablo mismo usa y que sólo conseguirán que la intensa ira de Dios se descargue sobre mí.2 Más bien debo amar la verdad, expresarla con franqueza, y reconocerla abiertamente.3 Debo hacer lo que pueda para proteger y promover el buen nombre de mi prójimo.4

1 Sal. 15; Prov. 19:5; Mt. 7:1; Lc. 6:37; Rom. 1:28-32
2 Lv. 19:11-12; Prov. 12:22; 13:5; Juan 8:44; Apoc. 21:8
3 1 Cor. 13:6; Ef. 4:25
4 1 Pedro 3:8-9; 4:8

Domingo 44

P&R 113
P. ¿Qué se busca con el décimo mandamiento?
R. Que no permitamos que en nuestros corazones se levanten ni el más mínimo deseo o pensamiento contrario a cualquier mandamiento de Dios. Por el contrario, que de todo corazón odiemos el pecado y nos deleitemos en todo lo que sea justo.1

1 Sal. 19:7-14; 139:23-24; Rom. 7:7-8

P&R 114
P. ¿Pueden los convertidos a Dios guardar estos mandamientos perfectamente?
R. No. En esta vida, hasta la persona más santa sólo logra un pequeño comienzo en esta obediencia.1 Sin embargo, con toda seriedad de propósito, los convertidos empiezan a vivir según todos, y no sólo algunos, de los mandamientos de Dios.2

1 Ec. 7:20; Rom. 7:14-15; 1 Cor. 13:9; 1 Juan 1:8-10
2 Sal. 1:1-2; Rom. 7:22-25; Fil. 3:12-16

P&R 115
Puesto que nadie puede en esta vida obedecer los Diez Mandamientos en forma perfecta, ¿por qué quiere Dios que se prediquen tan meticulosamente?
R. Primero, para que mientras más vivamos en esta vida conozcamos mejor nuestra pecaminosidad y busquemos con más vehemencia a Cristo para hallar perdón de pecados y la justicia.1

Segundo, para que jamás dejemos de esforzarnos, y para que jamás dejemos de orar a Dios por la gracia del Espíritu Santo, para ser renovados más y más a la imagen de Dios, hasta que después de esta vida lleguemos a la meta: la perfección.2

1 Sal. 32:5; Rom. 3:19-26; 7:7, 24-25; 1 Juan 1:9
2 1 Cor. 9:24; Fil. 3:12-14; 1 Juan 3:1-3

El Padre Nuestro

Domingo 45

P&R 116
P. ¿Por qué los cristianos necesitan orar?
R. Porque la oración es la parte más importante de la gratitud que Dios requiere de nosotros.1 También porque Dios da su gracia y su Espíritu Santo sólo a aquellos que oran continuamente y que gimen internamente, pidiéndole a Dios estos dones y dándole gracias por ellos.2

1 Sal. 50:14-15; 116:12-19; 1 Tes. 5:16-18
2 Mt. 7:7-8; Lc. 11:9-13

P&R 117
P. ¿Cuál es la oración que agrada a Dios y que él escucha?
R. Primero, debemos orar de corazón a ningún otro que al único verdadero Dios, que se nos ha revelado en su Palabra, pidiendo por todo lo que Dios nos ha mandado que pidamos.1

Segundo, debemos reconocer plenamente nuestra necesidad y miseria, para humillarnos delante de la presencia majestuosa de Dios.2

Tercero, debemos descansar en este fundamento inquebrantable: aunque no lo merecemos, Dios de seguro oirá nuestra oración debido a Cristo nuestro Señor. Esto es lo que Dios nos prometió en su Palabra.3

1 Sal. 145:18-20; Juan 4:22-24; Rom. 8:26-27; Sgo. 1:5; 1 Juan 5:14-15
2 2 Cro. 7:14; Sal. 2:11; 34:18; 62:8; Isa. 66:2; Apoc. 4
3 Dan. 9:17-19; Mt. 7:8; Juan 14:13-14; 16:23; Rom. 10:13; Sgo. 1:6

P&R 118
P. ¿Qué nos ha mandado Dios que le pidamos en oración?
R. Todo lo que necesitamos, espiritual y físicamente,1 tal como Cristo lo abarcó en la oración que él mismo nos enseñó.

1 Stg. 1:17; Mt. 6:33

P&R 119
P. ¿Qué dice esta oración?
R. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación sino líbranos del maligno.* porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.1**

1 Mt. 6:9-13; Lc. 11:2-4

*Este texto del Padrenuestro viene de la Nueva Versión Internacional. La mayoría de eruditos bíblicos concuerdan en que es una traducción precisa del texto griego y que comunica casi el mismo significado de otras versiones del Padrenuestro.
** Mejores y más antiguos manuscritos de Mateo 6 omiten las palabras “porque tuyo es el reino… Amén”.

Domingo 46

P&R 120
P. ¿Por qué nos mandó Cristo que llamemos a Dios “Padre nuestro”?
R. Para despertar en nosotros al comienzo mismo de nuestra oración lo que debería ser el fundamento de nuestra oración—la reverencia y confianza filial de que a través de Cristo, Dios ha llegado a ser nuestro Padre, y que así como nuestros padres no nos niegan las cosas de esta vida, estamos todavía más seguros de que Dios nuestro Padre no nos negará lo que le pedimos en fe.1

1 Mt. 7:9-11; Lc. 11:11-13

P&R 121
P. ¿Por qué se añade “que estás en el cielo”?
R. Estas palabras nos enseñan que no imaginemos que la majestad celestial de Dios es algo terrenal,1 y que esperemos todo lo que se necesitamos para cuerpo y alma del poder todopoderoso de Dios.2

1 Jer. 23:23-24; Hch. 17:24-25
2 Mt. 6:25-34; Rom. 8:31-32

Domingo 47

P&R 122
P. ¿Qué quiere decir la primera petición?
R. “Santificado sea tu nombre” quiere decir: Ayúdanos a que verdaderamente te conozcamos,1 honremos, glorifiquemos y alabemos por todas tus obras y por todo lo que resplandece de ellas: tu todopoderoso poder, sabiduría, bon-dad, justicia, misericordia y verdad.2

Y quiere decir, Ayúdanos a dirigir toda nuestra vida—lo que pensamos, decimos y hacemos—de tal manera que tu nombre jamás sea blasfemado a causa de nosotros sino que sea honrado y alabado.3

1 Jer. 9:23-24; 31:33-34; Mt. 16:17; Juan 17:3
2 Ex. 34:5-8; Sal. 145; Jer. 32:16-20; Lc. 1:46-55, 68-75; Rom. 11:33-36
3 Sal. 115:1; Mt. 5:16

Domingo 48

P&R 123
P. ¿Qué quiere decir la segunda petición?
R. “Venga tu reino” significa: Gobiérnanos por tu Palabra y Espíritu de tal manera que más y más nos sometamos a ti.1

Preserva tu iglesia y hazla crecer.2

Destruye la obra del diablo; destruye toda fuerza que se rebela en contra tuya y cada conspiración en contra de tu santa Palabra.3

Haz esto hasta que tu reino venga en su plenitud, cuando tú serás todo en todos.4

1 Sal. 119:5, 105; 143:10; Mt. 6:33
2 Sal. 122:6-9; Mt. 16:18; Hch. 2:42-47
3 Rom. 16:20; 1 John 3:8
4 Rom. 8:22-23; 1 Cor. 15:28; Apoc. 22:17, 20

Domingo 49

P&R 124
P. ¿Qué quiere decir la tercera petición?
R. “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” significa:

Ayúdanos a nosotros y a toda la gente a que rechacemos nuestra propia voluntad y que obedezcamos tu voluntad sin contradecirte. Sólo tu voluntad es buena.1

Ayúdanos a nosotros y a todos a realizar el trabajo al que hemos sido llamados,2 tan voluntaria y fielmente como lo hacen los ángeles en el cielo.3

1 Mt. 7:21; 16:24-26; Lc. 22:42; Rom. 12:1-2; Tit. 2:11-12
2 1 Cor. 7:17-24; Ef. 6:5-9
3 Sal. 103:20-21

Domingo 50

P&R 125
P. ¿Qué quiere decir la cuarta petición?
R. “Danos hoy nuestro pan cotidiano” significa:

Provee para todas nuestras necesidades1 físicas de modo que sepamos que tú eres la única fuente de todo bien,2 y que nuestro trabajo y preocupación, así como tus dones, no serán capaces de beneficiarnos sin tu bendición.3

También ayúdanos a renunciar a nuestra confianza en las criaturas para confiar sólo en ti.4

1 Sal. 104:27-30; 145:15-16; Mt. 6:25-34
2 Hch. 14:17; 17:25; Stg. 1:17
3 Dt. 8:3; Sal. 37:16; 127:1-2; 1 Cor. 15:58
4 Sal. 55:22; 62; 146; Jer. 17:5-8; Heb. 13:5-6

Domingo 51

P&R 126
P. ¿Qué quiere decir la quinta petición?
R. “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores” significa:

Debido a la sangre de Cristo, no nos imputes, pobres pecadores que somos, ninguno de los pecados que cometemos o el mal que constantemente se apega a nosotros.1

Perdónanos así como estamos completamente decididos, como evidencia de tu gracia en nosotros, a personar a nuestro prójimo.2

1 Sal. 51:1-7; 143:2; Rom. 8:1; 1 Juan 2:1-2
2 Mt. 6:14-15; 18:21-35

Domingo 52

P&R 127
PP. ¿Qué quiere decir la sexta petición?
R. “Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno” significa:

Nosotros mismos somos demasiado dé-biles para mantenernos firmes ni siquiera un instante.1

Y nuestros enemigos mortales—el diablo,2 el mundo3 y nuestra propia carne4—jamás dejan de atacarnos.

Así que, Señor, sostennos y fortalécenos con el poder de tu Espíritu Santo, para que no seamos vencidos en esta lucha espiritual,5 sino que resistamos con firmeza a nuestros enemigos hasta que finalmente logremos la victoria completa.6

1 Sal. 103:14-16; Juan 15:1-5
2 2 Cor. 11:14; Ef. 6:10-13; 1 Pedro 5:8
3 Juan 15:18-21
4 Rom. 7:23; Gal. 5:17
5 Mt. 10:19-20; 26:41; Mc. 13:33; Rom. 5:3-5
6 1 Cor. 10:13; 1 Tes. 3:13; 5:23

P&R 128
P. ¿Qué quiere decir la conclusión de esta oración?
R. “Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos” significa:

Hemos elevado a ti todas estas peticiones porque tú, como nuestro poderoso rey, estás dispuesto y eres capaz de darnos todo lo que es bueno;1 y porque tu santo nombre, y no nosotros, debe recibir toda la alabanza por siempre.2

1 Rom. 10:11-13; 2 Pedro 2:9
2 Sal. 115:1; Juan 14:13

P&R 129
P. ¿Qué significa la palabra “Amén”?
R. “Amén” significa:

¡Esto es verdadera y seguramente cierto! Es más seguro que Dios escucha mi oración que lo que yo realmente deseo lo que he orado.1

1 Isa. 65:24; 2 Cor. 1:20; 2 Tim. 2:13